Como sabéis algunos de vosotros, probablemente la mayoría, yo no dispongo de artefacto celular para comunicarme con el mundo (móvil), múltiples son mis motivos y nunca negaré que probablemente en un futuro me esclavice a alguno debido a la constante manipulacón de tanto los medios de comunicación como de la sociedad, pero este artículo que he encontrado grácias a mi primo (otro pirao sin móvil) declara claramente la gran mayoría de las razones del por que de mi negativa de tener teléfono móvil, siendo exactos con el artículo realmente no declara razones encontra, sólo muestra situaciones y vosotros mismos sacáis las conclusiones. Espero que este artículo os haga como mínimo recapacitar sobre ese pequeño artefacto cancerígeno que lleváis a todos lados como si de una extremidad vuestra se tratara, intentaré encontrar un artículo que este totalmente a favor del móvil con múltiples razones elocuentes y si lo encuentro tb os lo enviaré pues si es cierto que alguna cosilla buena tiene pero sin duda muchisimas menos de lo que en un principio parece. Un Saludo Jose Enrique. El teléfono móvil (Por Rafa Pal) Hace cosa de nueve años, la vida laboral de este cronista transcurría pegado a un teléfono Motorola de proporciones gigantescas. A través de él, el servicio de emergencias madrileño, Samur, me avisaba de los accidentes que después saldrían por la tele. Sería estúpido no reconocer que el teléfono me daba un aire importante. En medio del caos de ambulancias, bomberos y policías, mi Motorola me distinguía como a un menda interesante. Sonar, sacarlo y recibir todas las miradas admirativas de la concurrencia a mi alrededor era uno sólo. Seguramente los currantes (barrenderos, lumis, sanitarios, policías, etc) pensaban que el de la tele tenía una misión importante que realizar: informar de que un motorista se había estampado contra una farola, por ejemplo. No creo que muchos imaginaran que la mayor parte de las noches me las pasaba viendo la CNN y la teletienda, somnoliento, o, directamente, dormido, pues nada importante solía ocurrir en aquellas noches de Madrid. Tampoco sabrían que el teléfono era el medio para que mi jefe (Fernando Olmeda) me presionara reclamando chicha (muertos), pues de otro modo mi precario contrato corría peligro. Por aquel entonces, (estoy hablando hace sólo cinco o seis años) toda persona en sus cabales consideraba que quien sacaba un teléfono móvil y se ponía a hablar con él en plena calle era un pijo, un yupi o, directamente, un gilipollas. Recuerdo que mis amigos y yo nos reíamos de las conversaciones que se escuchaban pues, por lo general, no tenían contenido, no decían nada, simplemente querían vacilar. Muchos de ellos, hoy están enganchados. (Parece que estoy hablando del caballo, ¿que no?). Hoy, resulta imposible meterse en un autobús urbano o autocar interurbano sin que suene el telefonino de los huevos. Resulta imposible realizar un viaje en coche o en tren sin que amigos o desconocidos mantengan una conversación trivial, irrelevante. Generalmente, no suele ir más allá de "Sí, estoy aquí, llego dentro de un ratito" o "Sí, estoy en el autobús, voy a tal sitio". A veces, como hace unos fines de semana, un amigo llamaba a una amiga en Granada con la intención de visitarla y resulta que ésta le contestaba.... desde Marbella. Con el teléfono uno está pero no está de verdad, habría que decir. Pero si algo me fascina del uso del teléfono móvil son las parejas, los "enamorados" (creo que esta palabra habría que escribirla entre comillas hoy en día). En realidad, el ligoteo ha sido una de las más eficaces formas de extender su uso. Si te quieres ligar a una chica con móvil, lo mejor que puedes hacer es comprarte uno, pues si no, el cortejo desde uno fijo te saldrá por un ojo de la cara. No es ése su único uso, también es una eficaz arma defensa personal, de defensa de tu ego, pues hay teléfonos de psicología extremadamente violenta. Una tarde del pasado verano me senté a leer un libro en el único banco libre que había en la Plaza de Santa Ana. A mi lado, una pareja de veintipocoañeros bastante prototípicos (ella, marcona y zafia; él, pelo largo aparentando dejadez y grungerío, pero de carácter francamente sumiso) se pegaban la paliza con la pasión de los que se han enrollado hace unos días. Al poco de estar sentado, sonó el teléfono. Como la pareja estaba entregada al lengüeteo, la chavala tardó un rato en contestar, lo que me permitió comprobar su mal gusto para elegir sintonías y acordarme de las escenas de las películas en las que el teléfono siempre sonaba cuando se iba a consumar "el acto". -¿Sí? (Con una voz falsamente contenta). Uyyyy cuánto tiempo, me estaba acordando de ti ahora mismo, sí, no nos vemos desde la semana pasada____Ay, sí, de putamadre, sí, yo muy bien, sí, tenemos que ir eh,____ Sí, fenomenal____ No, no, fenomenal. De reojo, contemplaba al paciente roquerito, que simulaba aguantar la charla de la curvilínea con buena cara. Al cabo de un ratito, la maciza colgó. -Era Débora, sí, hace más tiempo que no la veo, somos superamigas, nos los pasamos tan superbien juntas... tengo que llamarla, y también a Jésica, a Paula, a Ramón, hace más tiempo que no los veo, ay, es que últimamente no me da tiempo a nada, bla, bla... El chico debió cortar el nuevo soliloquio de la maciza con decisión porque al momento el lector urbano sólo oía el salibeo. Pero la pasión duró como mucho un minuto y medio, pues el teléfono sonó otra vez. Vuelta a sacarlo del bolso, un ratito más escuchando la puta sintonía. A la chavala, sin embargo, no le molestó ser interrumpida nuevamente en "el momento". Esta vez se puso todavía más contenta. Hablaba a gritos, yo diría que para que todo el mundo la oyera. -JOOO TÍAAAA, CUANTO TIEMPO_____Sí, fenomenal, sí el otro día_____ sí, no, no ya no estoy con Jorge, pero fenomenal, ya no me acuerdo de él, el otro día me llamó pero no le hice ni caso, no, y estoy fenomenal____ Me da igual que se haya enrollado con Cristina, yo ya lo he olvidado___ Yo, fenomenal, estoy fenomenal____ Sí, estuve con un niño más rico, sí, Carlos, tenía unos brazos, estaba de mazas, TIAAAA, sí fenomenal, un niño riquísimo___ No, ya no estoy con él, lo dejamos hace mogollóón (se queda pensando) La semana pasada___ No, no te lo vas a creer, ahora estoy con un guitarrista___ Sí, tía, ¡toca la guitarra que te cagas!___ No, llevamos poco tiempo, pero hace unos punteos ¡que te cagas!___ ¡Sí, y se sabe unas canciones de Nirvanaa....! Y una de Led Zeppelin, sí de verdad, no veas cómo toca___ Sí, llevamos poco tiempo, pero fenomenal, ya no me acuerdo de Jorge, tampoco me gustaba tanto___ Sí, el otro día, cuando me llamó, le dije que estaba con el guitarrista y se quedóóóóóóó Durante todo este tiempo, el guitarrista estaba callado, ¡a su lado! escuchando la conversación de la chavala, como el resto de la Plaza. Uno hubiera deseado tener cojones suficientes para reírse en voz alta, pero todavía es demasiado tímido como para descojonarse por la calle a todas horas, y eso que hay suficientes motivos hoy día para demostrar hilaridad constantemente. Cada día, uno ve parejas por la calle hablando con sus respectivos móviles, grupos de "amigos" adosados a sus respectivos teléfonos.... Y uno se pregunta, ¿para qué cojones van con nadie? ¿Qué les preocupa más, el teléfono o el ser humano que tienen delante? En mi casa ha llegado a venir gente (amigas, sobre todo) que se han puesto a hablar con el teléfono nada más poner el pie en el salón. Imaginaos mi cara cuando tienes que esperar en tu propia casa durante diez minutos a que una visita termine ¡SU CONVERSACIÓN!. En la playa, en el tren, en el autobús, los sinmóvil tenemos que aguantar que los adictos nos impongan sus conversaciones. Parece que hoy día es obligatorio si uno desea mantener una cierta vida social. ¿Cómo es posible que hace cinco años nadie lo necesitara? ¿Quién ha conseguido hacer imprescindible un artefacto que hace tres o cuatro años sólo tenían los pijos? La respuesta parece sencilla, la Publicidad. Sin embargo, no todas las leyes del marketing se cumplen, pues Internet, con toda su difusión, no ha llegado a las cotas del teléfono móvil. Los sociólogos hablan de la cultura latina, de lo que nos gusta el palique a los italianos, los españoles y los griegos, lo que explicaría que hayamos sobrepasado en el uso del teléfono móvil a otros pueblos más "progresistas". Los proselitistas hablan de lo bueno que es estar comunicado, pero ¿realmente están más comunicados con el móvil? ¿Se comunica mejor el ser humano desde hace cinco años? ¿Por qué la mayor parte de las conversaciones se reducen a decirse que están en nosequé sitio o que van camino de nosedonde? ¿A qué responde esa necesidad de decirle a alguien que existes, que estás haciendo determinada cosa? ¿No es sólo inseguridad? ¿No es sólo exhibicionismo, en la creencia de que eso reforzará su autoestima? A mi juicio, la extensión del móvil está intrínsicamente ligada al cambio del milenio. En los pasados dos o tres años hemos atravesado por un momento de pánico colectivo, de miedo al futuro, al siglo XXI. La necesidad de no perder el tren de la modernidad, de emular a lo que las películas de ciencia ficción habían pronosticado para el siglo XXI, ha sido aprovechada por los mercaderes para vendernos una felicidad artificial, cuyo epítome es el teléfono móvil, el simulacro de comunciación. Sólo así se puede explicar que, paralelamente a la extensión de medios de comunicación celulares, el ser humano cada vez parezca más aislado, más solitario. El nuevo modo de vida que nos vende el progreso es el de Woody Allen y Mia Farrow, cada uno en su apartamento, independencia, comunicándonos a través de medios artificiales, suprimiendo la comunicación humana por sucedáneos. Por supuesto, la telefonía ha supuesto un avance para que en numerosas profesiones se pueda trabajar a distancia. ¿Mayor movilidad=mayor independencia? (Este verano, en una playa de Almería, un currante que debía tener a su cargo una flota de camiones, contestaba desde su tumbona en el Cabo de Gata una docena de llamadas... de trabajo). Lo que la mayor parte de los trabajadores, como de los chavales, no se da cuenta, es que el avance es para la empresa y para los padres, para el control. Son muchas las personas, sobre todo del ámbito de la comunicación pero también en las ventas y servicios de urgencia, a las cuales su empresa "regala" un teléfono móvil. Con el reclamo de la gratuidad del servicio, y del vacile del teléfono último modelo, consiguen que el trabajador esté siempre disponible para el trabajo, esclavizado. Tengo varios amigos a los que su teléfono (El Gran Hermano) les puede reclamar un sábado o un domingo a la hora que sea. ¿Libertad o esclavitud? ¿Es más libre el chaval que charlotea sobre gilipolleces con su móvil y al que sus padres tiene siempre controlado o el que lleva los bolsillos vacíos? Decía Vicente Verdú en una entrevista aparecida en esta publicación hace dos años: "Disponer de un elemento que realiza una determinada función implica que esa función acaba por reclamarla el instrumento, de manera que, al final, genera una serie de trabajo que no existiría si no la tuvieras. Si ese instrumento es activo, es decir, que te sugiere muchas acciones, como en el caso del ordenador (o el teléfono, añade el autor), a la fuerza desarrollas más la interacción y, por consiguiente, la dedicación a ese instrumento".